Alfabetización en inteligencia artificial: marco OCDE-UE

La OCDE y la Comisión Europea proponen un marco internacional para que los estudiantes aprendan a comprender, evaluar, utilizar y configurar la inteligencia artificial de manera crítica, responsable y creativa.

Qué es la alfabetización en inteligencia artificial y qué propone el nuevo marco de la OCDE y la Comisión Europea para primaria y secundaria.

Alfabetización en inteligencia artificial: el nuevo marco de la OCDE y la Comisión Europea para la educación

La inteligencia artificial ya forma parte de la vida cotidiana de niños y adolescentes. Está presente en buscadores, sistemas de recomendación, aplicaciones educativas, redes sociales, herramientas de creación de contenidos y asistentes conversacionales.

La cuestión para los sistemas educativos, por tanto, ya no consiste únicamente en decidir si la inteligencia artificial debe entrar en las aulas.

Una cuestión mucho más profunda empieza a adquirir importancia:

¿Qué necesita aprender una persona para desenvolverse de manera autónoma, crítica y responsable en un mundo en el que la inteligencia artificial estará presente de forma permanente?

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y la Comisión Europea han intentado responder conjuntamente a esta pregunta mediante Empowering Learners for the Age of AI: An AI Literacy Framework for Primary and Secondary Education, un marco de alfabetización en inteligencia artificial dirigido a la educación primaria y secundaria.

El documento propone algo considerablemente más ambicioso que enseñar a los estudiantes a utilizar herramientas de inteligencia artificial.

Su objetivo es establecer los conocimientos, habilidades, actitudes y competencias que necesitan los alumnos para comprender la IA, relacionarse críticamente con ella, utilizarla de manera creativa y responsable y participar activamente en la configuración de un futuro condicionado por estos sistemas.

Qué es la alfabetización en inteligencia artificial

Una de las principales aportaciones del marco es establecer una definición común de alfabetización en inteligencia artificial.

La OCDE y la Comisión Europea la conciben como el conjunto de conocimientos técnicos, habilidades duraderas y actitudes orientadas al futuro necesarias para desenvolverse en un mundo influido por la inteligencia artificial.

Esta alfabetización debe permitir que los estudiantes puedan relacionarse con la IA, crear con ella, gestionarla y contribuir a darle forma, evaluando críticamente al mismo tiempo sus beneficios, riesgos e implicaciones éticas.

Esta definición tiene una consecuencia educativa importante:

saber utilizar una herramienta de inteligencia artificial no significa estar alfabetizado en inteligencia artificial.

Un estudiante puede saber utilizar un asistente conversacional, generar una imagen o solicitar a una IA que resuma un texto sin comprender realmente cómo funciona el sistema, cuáles son sus limitaciones, de dónde proceden sus posibles errores o sesgos, qué sucede con los datos que proporciona o cuándo sería preferible no utilizar inteligencia artificial.

El marco diferencia explícitamente ambas cuestiones.

La alfabetización en IA requiere comprender cómo funcionan estos sistemas y evaluar críticamente el papel que desempeñan en la vida cotidiana. El mero uso de herramientas no garantiza el desarrollo de estas capacidades.

Esta distinción puede resultar fundamental para las políticas educativas de los próximos años.

Por qué los estudiantes necesitan alfabetización en IA

La inteligencia artificial ya no constituye para muchos jóvenes una tecnología futura.

Forma parte de su entorno.

El informe recoge investigaciones según las cuales el uso de herramientas de IA entre adolescentes se está extendiendo rápidamente para actividades relacionadas con el aprendizaje, la búsqueda de información, la traducción o la creación de contenidos.

Esta utilización ofrece oportunidades, pero también expone a los estudiantes a problemas como información falsa o engañosa, contenidos inadecuados, sesgos, estereotipos, riesgos para la privacidad o consecuencias derivadas de su huella digital.

Existe además otra preocupación especialmente relevante desde el punto de vista educativo: la dependencia cognitiva.

Utilizar inteligencia artificial puede permitir realizar determinados trabajos con mayor rapidez o producir resultados aparentemente mejores. Pero obtener un mejor resultado inmediato no significa necesariamente haber aprendido más.

El marco recoge evidencia según la cual descargar parte del esfuerzo cognitivo sobre sistemas de IA puede favorecer lo que algunos investigadores denominan «pereza metacognitiva», debilitando procesos como el pensamiento crítico o la autorregulación.

Por ello, el objetivo educativo no debería consistir simplemente en aumentar el uso de la IA.

Debería consistir en aprender cuándo utilizarla, cómo utilizarla y cuándo resulta preferible no hacerlo.

Los cuatro ámbitos de la alfabetización en inteligencia artificial

El núcleo del marco está organizado alrededor de cuatro grandes ámbitos competenciales.

No constituyen simplemente cuatro categorías independientes. El documento los presenta como una posible progresión educativa: primero comprender y relacionarse críticamente con la IA; después aprender a crear y distribuir tareas con ella; finalmente adquirir capacidad para intervenir sobre los propios sistemas.

1. Relacionarse con la IA

El primer ámbito constituye la base del marco.

Los estudiantes deben aprender a reconocer dónde existe inteligencia artificial en su vida cotidiana, comprender cómo influye sobre sus decisiones y evaluar críticamente sus resultados.

Entre las competencias propuestas se encuentran:

  • reconocer el papel y la influencia de la IA en distintos contextos;
  • explicar cómo funcionan los sistemas de IA evitando atribuirles características humanas;
  • evaluar si un resultado generado por IA debe aceptarse, modificarse o rechazarse;
  • comprender cómo los sistemas de recomendación pueden ampliar o limitar nuestras perspectivas;
  • analizar el consumo energético y de recursos naturales asociado a la IA;
  • comprender cómo los sistemas pueden amplificar sesgos sociales;
  • evaluar si una utilización determinada de IA es coherente con principios éticos y valores humanos.

La alfabetización en IA empieza, por tanto, mucho antes de aprender a escribir instrucciones para un asistente.

Empieza por comprender qué tenemos delante.

2. Crear con inteligencia artificial

El segundo ámbito aborda la utilización de la IA como instrumento creativo.

Pero introduce una condición fundamental: mantener la capacidad de decisión humana.

La IA puede ayudar a explorar perspectivas diferentes, desarrollar ideas, visualizar conceptos, crear prototipos, obtener retroalimentación o revisar resultados.

El objetivo educativo no consiste en sustituir la creatividad del estudiante, sino en utilizar la inteligencia artificial para ampliarla.

El marco propone que los estudiantes aprendan a:

  • explorar nuevas perspectivas mediante sistemas de IA;
  • visualizar, combinar y desarrollar ideas utilizando distintos tipos de sistemas;
  • mantener intercambios iterativos con la IA para obtener retroalimentación y mejorar resultados;
  • analizar las implicaciones de la IA sobre la autenticidad, los derechos de autor y la propiedad intelectual.

La diferencia es importante.

Un alumno que pide a una inteligencia artificial que realice completamente un trabajo está desarrollando una experiencia educativa muy distinta de aquel que formula primero sus propias ideas, utiliza posteriormente la IA para contrastarlas y finalmente decide qué sugerencias incorporar, modificar o rechazar.

3. Gestionar la inteligencia artificial

Probablemente una de las aportaciones más interesantes del marco sea que no presupone que utilizar IA sea siempre deseable.

Antes de emplearla, el estudiante debería preguntarse:

¿Necesito realmente inteligencia artificial para realizar esta tarea?

Gestionar la IA significa aprender a distribuir conscientemente el trabajo entre personas y máquinas.

El estudiante debe ser capaz de determinar qué partes de una actividad pueden beneficiarse de las capacidades de la IA y cuáles requieren especialmente juicio humano, creatividad, conocimiento especializado o relaciones entre personas.

Las competencias de este ámbito incluyen:

  • decidir si resulta adecuado utilizar IA según la naturaleza de la tarea;
  • seleccionar el enfoque de IA más apropiado;
  • descomponer un problema para determinar dónde puede utilizarse la IA;
  • supervisar y evaluar su utilización durante todo el proceso de resolución.

Esto desplaza el aprendizaje desde el simple dominio instrumental hacia algo mucho más importante: el criterio.

No basta con saber cómo utilizar inteligencia artificial.

Hay que aprender a decidir para qué, cuándo, hasta dónde y bajo qué condiciones.

4. Dar forma a la inteligencia artificial

El cuarto ámbito lleva al estudiante un paso más allá.

Los jóvenes no deberían concebirse únicamente como consumidores de tecnologías diseñadas por otros.

También pueden aprender a comprender cómo las decisiones humanas determinan el funcionamiento de los sistemas de IA y cómo estos podrían modificarse para responder mejor a necesidades humanas y sociales.

El marco no pretende convertir a todos los estudiantes en especialistas o ingenieros de inteligencia artificial.

Propone experiencias técnicas adaptadas a cada etapa educativa que permitan comprender que los sistemas de IA no son inevitables ni neutrales: han sido diseñados por personas, utilizan datos seleccionados por personas y responden a decisiones y objetivos humanos.

Los estudiantes deberían progresivamente aprender a:

  • investigar cómo está diseñado un sistema de IA, para quién y con qué limitaciones;
  • evaluar su funcionamiento mediante criterios definidos;
  • comprender cómo la selección de datos condiciona su comportamiento y sus resultados;
  • proponer mejoras que favorezcan el bienestar humano y el beneficio social.

El objetivo final es pasar de ser usuarios pasivos de inteligencia artificial a participantes capaces de comprenderla, cuestionarla y contribuir a configurarla.

Conocimientos, habilidades y actitudes

Los cuatro ámbitos se apoyan en tres componentes transversales: conocimientos, habilidades y actitudes.

Los conocimientos incluyen comprender la naturaleza de la inteligencia artificial, reconocer que los sistemas reflejan elecciones y perspectivas humanas, conocer sus capacidades y limitaciones y analizar su papel en la sociedad.

Entre las habilidades aparecen capacidades profundamente humanas:

pensamiento crítico, colaboración, creatividad, resolución de problemas, pensamiento computacional, comunicación y conciencia personal y social.

Y el marco identifica seis actitudes que deberían acompañar al aprendizaje:

reflexión, responsabilidad, curiosidad, innovación, adaptabilidad y empatía.

Esta combinación resulta significativa.

La alfabetización en IA no se plantea exclusivamente como una nueva competencia tecnológica.

Se plantea como una combinación de comprensión tecnológica y desarrollo humano.

La ética no constituye una asignatura separada

Otra decisión relevante del marco es no aislar la ética en un apartado independiente.

Las consideraciones éticas atraviesan todo el modelo.

La razón es sencilla: los sistemas de inteligencia artificial reflejan decisiones humanas durante su diseño, desarrollo y utilización. Por tanto, comprender técnicamente un sistema sin analizar sus consecuencias sociales sería una comprensión incompleta.

El marco incorpora cuestiones relacionadas con autonomía, transparencia, explicabilidad, responsabilidad, equidad, inclusión, privacidad, sostenibilidad ambiental y distribución de beneficios y perjuicios.

La pregunta educativa deja de ser únicamente:

«¿Qué puede hacer esta inteligencia artificial?»

Y se amplía con otras:

«¿Deberíamos utilizarla?»

«¿Quién se beneficia?»

«¿Quién podría resultar perjudicado?»

«¿Qué valores incorpora o debería incorporar?»

La inteligencia artificial no es humana

El documento dedica una atención especial a evitar la antropomorfización de la inteligencia artificial.

Los sistemas pueden producir respuestas que parecen demostrar comprensión, intención o incluso empatía, pero eso no significa que posean esas capacidades humanas.

Esta distinción adquiere especial importancia cuando niños y adolescentes utilizan asistentes conversacionales o sistemas concebidos para mantener interacciones aparentemente personales.

El marco considera necesario enseñar a los estudiantes a describir correctamente el funcionamiento de la IA y evitar expresiones que puedan reforzar la idea de que una máquina «piensa», «comprende» o mantiene una relación auténtica como lo haría una persona.

No se trata solamente de precisión terminológica.

También afecta a la capacidad de los jóvenes para mantener una relación saludable con estas tecnologías.

El pensamiento crítico adquiere todavía más importancia

La expansión de la IA generativa no reduce la necesidad de pensamiento crítico.

La aumenta.

Los estudiantes necesitan aprender a comprobar la exactitud de los resultados, contrastarlos con fuentes fiables, detectar posibles sesgos y decidir si una respuesta debe aceptarse, corregirse o descartarse.

Una actividad propuesta por el propio marco resulta especialmente ilustrativa.

Los alumnos pueden recibir recomendaciones de lugares realizadas mediante IA y posteriormente contrastarlas con otras fuentes para comprobar si contienen información incorrecta, desactualizada o inventada.

En niveles más avanzados, pueden comparar distintas interpretaciones generadas mediante IA de un acontecimiento histórico con fuentes primarias y secundarias y argumentar cuál resulta más fiable.

La IA se convierte así en objeto de evaluación, no simplemente en proveedor de respuestas.

El papel del profesorado se vuelve más importante, no menos

La expansión de la inteligencia artificial no disminuye la importancia del profesorado.

El marco sostiene prácticamente lo contrario.

A medida que estas herramientas adquieren mayor presencia en las aulas, el juicio profesional, las relaciones de confianza y la experiencia pedagógica de los docentes adquieren todavía más importancia.

Pero existe un problema.

Según los datos de TALIS 2024 citados en el documento, solamente aproximadamente uno de cada tres docentes utiliza IA y tres de cada cuatro manifiestan carecer de los conocimientos y habilidades necesarios para enseñar utilizando inteligencia artificial.

Al mismo tiempo, un Eurobarómetro de 2025 citado por el marco indica que el 81 % de los ciudadanos europeos considera que todos los docentes deberían disponer de las capacidades necesarias para utilizar y comprender la IA, incluida la IA generativa.

La brecha entre ambas cifras muestra la magnitud del desafío.

No será posible desarrollar la alfabetización en IA de millones de estudiantes sin desarrollar paralelamente la alfabetización en IA del profesorado.

Y esa formación tampoco debería limitarse al aprendizaje de herramientas.

Debería incluir pedagogía, evaluación crítica, ética, autonomía del estudiante y comprensión suficiente del funcionamiento de los sistemas.

La alfabetización en IA es una responsabilidad compartida

El marco también rechaza que toda esta responsabilidad pueda depositarse sobre el profesor individual.

Propone una actuación coordinada de todo el ecosistema educativo.

Docentes, responsables de centros y sistemas educativos, administraciones públicas, diseñadores de aprendizaje, proveedores de formación y familias desempeñan funciones diferentes pero complementarias.

Esta perspectiva resulta especialmente importante para evitar uno de los riesgos previsibles de los próximos años: exigir al profesorado que resuelva individualmente una transformación tecnológica que afecta al conjunto del sistema educativo.

La alfabetización en IA necesita políticas, formación, recursos, criterios comunes y colaboración.

Un marco pensado para sobrevivir a las herramientas

Quizá una de las decisiones más acertadas de la propuesta sea evitar construir la alfabetización en torno a productos concretos.

Las herramientas cambiarán.

Los modelos actuales serán sustituidos por otros.

Las interfaces evolucionarán.

Algunas aplicaciones desaparecerán.

Por ello, el marco pretende identificar conocimientos, habilidades y actitudes que puedan conservar su utilidad a medida que cambie la tecnología.

Pensamiento crítico.

Criterio.

Creatividad.

Comprensión de datos y algoritmos.

Resolución de problemas.

Autonomía.

Responsabilidad.

Capacidad para decidir cuándo utilizar IA y cuándo no hacerlo.

Esta orientación ofrece una pista importante para centros educativos, administraciones y familias: la educación en inteligencia artificial no debería organizarse alrededor de aprender la herramienta de moda.

Debería preparar a los estudiantes para tecnologías que todavía no existen.

De usuarios de IA a ciudadanos capaces de decidir sobre ella

El marco desarrollado por la OCDE y la Comisión Europea supone un cambio importante en la manera de plantear la relación entre inteligencia artificial y educación.

La pregunta deja de ser únicamente cómo utilizar la IA para enseñar mejor.

También debemos preguntarnos qué necesitan aprender los estudiantes acerca de la inteligencia artificial para vivir en una sociedad profundamente influida por ella.

Esta diferencia permite distinguir dos grandes ámbitos que estarán cada vez más relacionados:

IA en Educación: cómo puede utilizarse la inteligencia artificial para apoyar la enseñanza y el aprendizaje.

Educación en IA: qué conocimientos, habilidades, actitudes y competencias necesitan desarrollar las personas para comprender y utilizar responsablemente la inteligencia artificial.

El marco de alfabetización en IA de la OCDE y la Comisión Europea pertenece fundamentalmente al segundo ámbito.

Y su mensaje central puede resumirse en una idea:

educar para la era de la inteligencia artificial no consiste en enseñar a los estudiantes a obedecer mejor a las máquinas, sino en proporcionarles conocimientos y criterio suficientes para decidir cómo quieren relacionarse con ellas.

Ese puede ser uno de los grandes objetivos educativos de los próximos años.


Fuente analizada

OCDE / Unión Europea (2026). Empowering Learners for the Age of AI: An AI Literacy Framework for Primary and Secondary Education. OECD Publishing, París.

Este artículo constituye una síntesis y análisis divulgativo elaborado por IAeducacion.org a partir del documento original. No representa una publicación oficial ni la posición de la OCDE o de la Comisión Europea.

Nota de transparencia: Este artículo ha sido elaborado con apoyo de inteligencia artificial, bajo dirección, revisión y supervisión humana durante todo el proceso. La selección de fuentes, el enfoque editorial y la responsabilidad sobre el contenido corresponden a IAeducacion.org.